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LUÍS    DE TRELLES
 

SANTO Y APÓSTOL, TEÓLOGO Y TROVADOR DE JESÚS SACRAMENTADO

SU PENSAMIENTO

                   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

ÍNDICE

 

Introducción

El Pensamiento religioso de D. Luis De Trelles:

El Pensamiento Eucarístico de D. Luis De Trelles:

- COMUNIÓN FRECUENTE

- LA PERFECCIÓN EN LO PEQUEÑO

- LA VOCACIÓN DE TRELLES

- LA MUERTE Y LA EUCARISTÍA

PENSAMIENTOS DIVERSOS Y GLOSA

 

INTRODUCCIÓN:

 

Luís de Trelles es un desconocido en el mundo eclesial, y lo más doloroso, en la Adoración Nocturna. Es cierto que, desde la apertura de la causa de su beatificación, los cursos de verano, las publicaciones sobre su figura  y presencia en las Web, su nombre ha ido calando, poco a poco, en la Adoración Nocturna. Hoy, transcurridos más de veinticinco años después de iniciar el proyecto de pedir su canonización y alcanzar con ese esfuerzo el título de Venerable para la devoción particular, podemos afirmar que el objetivo de darle a conocer se ha alcanzado.

 

Sin embargo, ya tenemos la adversativa, intuimos en los adoradores  un conocimiento nominal y periférico de su figura; ojalá  nos equivoquemos. Tal intuición nos lleva a la creencia de que, en términos generales, de Trelles, se ha leído más bien poco,  bien “traducido”  o en el original.

 

La intuición también nos dice que las lecturas sobre Trelles, a todo lo más llegan a la de algún que otro artículo aparecido en los boletines que editan los Consejos diocesanos, Nacional y fundación. Si tales artículos no han generado el deseo de profundizar en su pensamiento expresado someramente en ellos, la huella dejada será escasa.

 

Hemos de preguntarnos por las potenciales causas del desconocimiento de Trelles y del posible rechazo inicial, incluso por parte de los adoradores. Quizá provenga de la dificultad que implica el traslado de las circunstancias que rodean su figura (sociales, políticas e incluso religiosas) propias de su época (1819-1891) a las circunstancias actuales que nos rodean a todos.

 

La estructuración social ha experimentado un cambio radical, lo que lleva, de entrada, a desinteresarse de la vida y obra de un personaje tan alejado de nosotros, por el ambiente familiar, cultural, social y, quizá, también político que nos hace rechazar, de entrada, su figura con una sencilla frase muy de moda: “Éste no es de los nuestros”.

 

Solamente despierta interés en los medios académicos: juristas, abogados, políticos... y que no pasa de estos aspectos intelectuales, con el riesgo de suscitar, tan sólo, polémicas filosóficas, históricas, teológicas o de otro tipo; pero no se acercan al hombre que vivió, en realidad, en una época difícil y convulsa, muy parecida a la actual y que tuvo que ir eligiendo distintos caminos, después de analizarlos, expuesto a equivocarse como cualquiera de nosotros y tener que rectificar y cambiar de dirección en varias ocasiones.

 

Y, a pesar de todo, supo mantener con tenacidad y valentía unos valores éticos hasta grados heroicos y que le fueron exigiendo, a lo largo de los años, sacrificios enormes de todo tipo.

 

Nosotros intentaremos llevar el pensamiento de D. Luís, expresado en múltiples escritos, con palabras actuales y en otros casos con sus giros lingüísticos y notas aclaratorias para que quede constancia de su pensamiento en toda su pureza. Porque cuando se llega a este conocimiento del hombre que fue don Luís, es cuando inicialmente se despierta el interés y, posteriormente la adhesión: por eso aconsejamos a nuestros lectores que se planteen la lectura del contenido de esta página con espíritu abierto. En ella pueden exponer sus propias opiniones y propuestas, comparando el momento vivido por don Luís y el actual con el que se enfrentan ellos y traten de responder, por sí o con los de los editores, a esta pregunta ¿Cómo obraría don Luís en este caso específico?

 

Deseamos proyectar el pensamiento de D. Luís. Ese es el propósito de esta página y esperamos recibir el reflejo generado en los lectores en un camino de ida y vuelta enriquecido por las percepciones de todos.

 

Desde el principio, la Fundación Luis de Trelles, cuyo único fin es promover la canonización del fundador de la Adoración Nocturna, el hoy Venerable Luis de Trelles, viene impartiendo Cursos de Verano, cada año en una población distinta. Asimismo va engrosando el número de sus publicaciones cuya relación puede consultar el lector en su Web.

 

Finalmente, siempre se mantiene el ofrecimiento de difundir en grupos pequeños mediante la acción presencial de algunos miembros de la Fundación. Así ocurrió, por ejemplo, el  27.10.2009 en la librería EGERIA, plaza Inmaculada, n.º 5, de Santiago de Compostela donde el Catedrático Emérito de la Facultad de Derecho Dr. Puy presentó la biografía de Trelles, de la que es autor y ha sido editada por C. E. U. Ediciones.

 

Asimismo, en la localidad de Alhaurin de la Torre (Málaga), el 10/06/2009 se desarrolló una mesa redonda en la cual un grupo de adoradores malagueños discurrieron por la vida y obra de Don Luis.

 

EL PENSAMIENTO  RELIGIOSO DE DON LUIS DE TRELLES:

 

D. Luís de Trelles fue un hombre de profunda y acendrada religiosidad manifestada a lo largo de su vida. Su pensamiento religioso emerge en abundantes escritos que expondremos a la consideración de los lectores indicando las fuentes. 

 

En todos ellos se observa su visión profética. Su pensamiento religioso se adelanta, en muchos años, a su tiempo. Sirva como ejemplo inicial este que se refiere a la Perfección en lo pequeño que puede encontrar en ese enlace.

 

Desde 1870 hasta su muerte Junio de 1891, Trelles los fue desarrollando en La Lámpara del Santuario, d. Cinco años después de la muerte de Trelles,1895, Santa Teresa de Lisieux inicia la redacción de la obra en que expuso estos mismos conceptos, por los que ha sido reconocida mundialmente.

 

El pensamiento religioso de Trelles se ve fortalecido por su conocimiento profundo y extenso de la Biblia que ilumina su vocación de difundir el amor a la Eucaristía a través de  “La Lámpara del Santuario”, revista que fundó con ese fin.

 

Aunque se siente incapaz para tan ardua tarea ruega al Señor con fe para que, así como asistió a Isaías para anunciar al Mesías él pueda anunciar la Eucaristía.

   

Cuando tenemos la experiencia de la marcha definitiva de un ser querido, familiar o amigo, queda dentro un vacío difícil de llenar. La falta de fe desespera y la fe consuela tanto más cuando más profunda es. D. Luís de Trelles, en el texto que sigue, nos ofrece su pensamiento fuente y motivo de meditación. El texto, de una vigente actualidad, cobra especificidad ante la experiencia de la muerte de un ser próximo.

 

Con razón dice D. Luis: "La muerte es para el creyente la puerta dorada de la vida eterna".

 

Os invito a su lectura meditada y a la difusión de este documento que prueba, una vez más, el profundo amor eucarístico que animaba a Trelles, un seglar que iluminaba su vida desde su fe eucarística.

 

 

EL PENSAMIENTO EUCARÍSTICO DE D. LUIS DE TRELLES:

 

 

COMUNIÓN FRECUENTE

 

En 1870, don Luis de Trelles había escrito en su Revista mensual,[1] órgano del Culto Continuo a Jesús Sacramentado, Asociación para fomentar la comunión siquiera mensual, que él dirigía y difundía:

 

El asociado al Culto Continuo debe buscar la excelencia en la disposición para la Comunión, que se consigue por vía de humillación, nunca de mérito... Por este derrotero, que está a nuestro alcance, acaso aprovechemos algo y resultemos un poco menos indignos. Quien escribe esto, al hacerlo, está formando el propósito de ejercitarse en este orden de consideraciones antes y después de la comunión.”

 

Algunos dicen que no son todavía bastante perfectos; pero ¿cómo llegarán a serlo, si se alejan de la fuente de toda perfección?

 

Como resultado de las gestiones de don Luís de Trelles, el obispo de Palencia concedió 40 días de indulgencia a los Asociados al Culto Continuo, tanto hombres como mujeres. Es una muestra de su concepto comunitario, según el dogma de la Comunión de los Santos y de la necesidad de comunicación de bienes entre los fieles de la Asociación:

 

La comunión mensual, reparadora y comunitaria o solidaria, tiene este carácter fundamentado en el dogma de la Comunión de los Santos, en que la Cabeza, Cristo Eucaristía, eterno en su vida continua, hace el culto continuo que los miembros, los hombres, esencialmente temporales, tenemos que interrumpir.” 

 

Veinte años después del artículo de Trelles, Teresa de Lisieux (Santa Teresita del Niño Jesús) escribió[2] a una pariente: Cuando el diablo triunfa en alejar así a un alma de la comunión lo ha ganado todo. Y Jesús llora”.

 

Teresa quiere que María esté segura de que es un tabernáculo amado. El diablo quiere dejarlo vacío y sin dueño. El 29 de octubre de 1910, 21 años después de escrita esa carta, Pío X recibe en audiencia a monseñor de Teil,  vicepostulador de la causa de beatificación de sor Teresa del Niño Jesús. Monseñor le ruega a S. S. que lea esta carta.

 

- Santidad, esta niña comentó por anticipado el decreto de la comunión frecuente.  Pío X tomó el manuscrito. Interrumpió la lectura para exclamar:

 

- Est opportunissimum! Est magnum gaudium pro me. (Es oportunísimo y me produce una gran alegría).

 

Al concluir la audiencia le dijo a monseñor de Teil:

- Bisogna far presto questo processo! (¡Esfuérzate en terminar pronto este proceso de canonización!)

 

Relacionado con esto es conveniente destacar que en el siglo XVI eran tensas las discusiones sobre la utilidad de la comunión frecuente de los legos, los seglares o laicos de aquel momento. El Concilio de Trento (1545-1563) la recomendaba; pero en las Iglesias locales se seguía restringiendo todavía en el siglo XIX. Por esas fechas, el Papa Pío IX le dijo a un catequista satisfecho porque sus alumnos comulgaban casi todos los meses: “Eso no es una comunión frecuente, no lo es.”

 

Desde el siglo XVI, ya habían tenido tiempo de enfriarse las discusiones, pero don Luís de Trelles procuró soslayarlas o, por lo menos, reducirlas a una lejana cuestión escolástica, haciendo dos cosas: encargar los primeros artículos a eclesiásticos de prestigio intelectual o pastores colaboradores y luego, reimprimiendo un viejo texto del maestro Bernaldo de Braopes, que escribía en defensa de la comunión diaria de los seglares “como con cierto recato, por no decir miedo.[3]

 

No le movían resentimientos ni voluntad de enfrentamiento, ni contra personas ni contra Instituciones. Sabía muy bien que la situación era la que era, sin culpa de nadie en concreto, sino como resultado natural del estado de pecado del hombre. Pero quería contribuir a remediarla, hiriendo lo menos posible.[4] 

 

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[1] TRELLES, La Lámpara del Santuario, Madrid, 1870, pp. 145, 381 y 1884, pág. 32.

[2] M. PARAJÓN, Santa Teresa de Lisieux, B.A.C. Popular, Madrid, 1987, pág. 165.

[3] TRELLES, La Lámpara del Santuario,Madrid, 1878, pp. 74-76: “La comunión diaria.”

[4] J. PASTOR Y M.ª TERESA TUÑAS, La Espiritualidad de Trelles, Ed. Fundación Luis de Trelles, Vigo, 2001, pp. 130 y 131.

 

LA PERFECCIÓN EN LO PEQUEÑO

 

El que hiciere y enseñare uno de estos preceptos mínimos, será grande en el Reino de los Cielos. (Mt 5, 19)

 

El amor y la perfección, son dos atributos de Dios y dos virtudes del hombre, que tienen entre sí una gran afinidad. Como que el amor es el motivo de nuestras acciones y la perfección es el modo de corresponder a aquél.

 

Así es, que el que ama, ejecuta las acciones que el amor le inspira, con perfección; y del que obra de esta suerte, se puede deducir que ama. Por esto observaréis que Dios, que es caridad como dice San Juan, y que obra siempre por amor, con amor y para producir amor, lo hizo todo con perfección admirable, poniendo en todas sus criaturas su sello personal, por decirlo así, para que no se borre en ellas la huella de su mano.(1)

 

El espíritu de sacrificio, que es la consecuencia natural del amor, cuando es un hábito del corazón, se manifiesta en las cosas pequeñas y en los actos más insignificantes, aún mejor que en los grandes.

 

He aquí lo que nos enseña San Mateo en el texto citado, y ésta es la manera y el camino acerca de la solicitud y el celo, el esmero y la diligencia extremada, o en una sola palabra, la perfección que el adorador debe procurar en los actos externos de la Adoración.

 

El lenguaje, el ademán, la actitud, el tono de voz, la compostura y la expresión de la fisonomía del adorador, son el traslado visible del amor invisible que le anima, y por eso, aquellos signos exteriores han de corresponder en este caso a la alteza del objeto y a la dignidad de la persona a quien se adora, porque la Adoración es amor.

 

¡Con qué miramiento, con qué veneración, con qué afecto debemos nosotros hacer nuestra adoración! Verdad es, que no tenemos espectadores visibles; pero nos mira el Señor.

 

Como uno de los iniciadores en España de esta dulce ocupación, perdonadme que sea siempre aquélla mi idea fija y mi propósito invariable. No sé salir de este círculo de encareceros y de encarecerme a mí mismo, la atención, la devoción, el detenimiento, la piedad, en una palabra, la solemnidad que deben revestir nuestros actos en la hermosa Obra que hemos emprendido.

 

Acrecentemos el fervor, mantengamos la devoción, aumentemos la piedad, y cuidemos mucho de dar a nuestro ejercicio el tono de solemnidad, y así queridos adoradores, subiremos fraternalmente unidos las gradas de la perfección, apoyándonos los unos en las oraciones de los otros, cantando fervorosamente las glorias del Señor, y ensayándonos en la adoración, que ha de ser, mediante la divina misericordia, nuestra ocupación en la bienaventuranza.

 

Por lo demás, nuestra humilde Obra, queridos adoradores, oculta en el secreto de la noche y escondida, por decirlo así, en el corazón de Jesús - Hostia a quien se dedica, es una audiencia privada con el Señor, una conversación íntima y una relación especialísima con el Augusto Sacramento. La inmolación íntima del adorador sobre el ara santa, inmolación del espíritu y del corazón, debe ser nuestro fin último y nuestro objeto principal. Las palabras, los gestos, el tono de voz y todas las circunstancias exteriores deben revelar el estado de ánimo, correspondiendo al objeto que nos proponemos.

 

Por eso, cuando el adorador nocturno hace la genuflexión en la presencia del Señor de una manera casi irrisoria; recita los versos del oficio con precipitación, mantiene la mirada distraída, el ademán poco respetuoso, la actitud de poco recogimiento y en todo denota cansancio, distracción, prisa, y cierto deseo de salir pronto de la inmediación del trono eucarístico, se puede decir que ese adorador no ama y que está retenido entre nosotros por algún miramiento o consideración dignos de mejorarse.

 

Progresando así en devoción, en respeto, en amor, en atención al hacer la guardia, y vigilando sobre nosotros mismos, para que nuestras obras no desdigan de nuestra vocación, haremos con esmero y perfección aquellas cosas mínimas a que se refiere San Mateo.

 

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"La Lámpara del Santuario" Tomo XIII - Pág. 140 a 145 - Año 1882

 

(1) Benedicto XVI, en la Navidad del 2005, promulga su primera encíclica "Deus caritas est" (Dios es amor) inspirado en el mismo texto de San Juan (1 Jn 4, 16) que Trelles. Comparando ambos textos se percibe la finura y actualidad del pensamiento de Trelles que se adelanta 125 años a la meditación del Papa Benedicto.

 

LA VOCACIÓN DE TRELLES

 

“Visión que Isaías... vio...Vi al Señor sentado en un trono excelso... Y dije: ¡Ay de mí, que estoy perdido, pues soy un hombre de labios impuros...que al rey Yahveh Sebaot han visto mis ojos...Uno de los serafines con una brasa en la mano, que con las tenazas había tomado de sobre el altar, tocó mi boca y dijo: tu pecado está expiado.” (Is 1,1 y 6, 1-7)

 

En 1862, Trelles participa en su primera vigilia de adoración nocturna en París, presentado por M. de Bènque, que con Mn. de la Bouillerie facilitó a H. Cohen la fundación de la Adoración Nocturna en París. Podemos situar ahí su decisión de dedicar su vida a la propagación de la devoción a Jesús Sacramentado mediante la Comunión frecuente y la meditación ante el sagrario, de día o de noche.

 

Seis años después, tomó el relevo por la muerte de D. Francisco Zamora y Granados, fundador del Culto continuo al Santísimo Sacramento,asociación fundada para fomentar la Comunión siquiera mensual; dos años más tarde, funda una Revista mensual, La Lámpara del Santuario, dedicada a la Eucaristía y, tres años después, realiza el primer intento de establecer en España la Adoración Nocturna al Santísimo Sacramento.

 

En el primer número de su Revista, tras explicar los propósitos de la misma, inserta un artículo titulado Maravillas de la Sagrada Eucaristía, en el cual pide que le sea concedida la gracia que Dios había otorgado al profeta Isaías, sintiéndose incapaz de llevar a buen término dicha misión:

 

Solo vos, Señor y Dios mío, amor y misericordia infinita, podéis animar estas pobres páginas con vuestras gracias y dar a vuestros siervos, por lo mismo que son tan humildes y poco dignos, la eficacia que a Isaías otorgasteis, siquiera abrase antes nuestros labios aquel místico carbón encendido.” (La Lámpara del Santuario, 1870, p. 12).

 

Esto da a entender que Trelles siempre tuvo el convencimiento vivencial de que Dios deseaba que dirigiera sus esfuerzos a dar a conocer la adoración eucarística a través de su humilde Revista mensual.

 

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LA MUERTE Y LA EUCARISTÍA

 

La muerte tiene la apariencia de un anonadamiento del ser y, por eso, nos repugna y produce un horror instintivo que solo la fe puede combatir con la seguridad de que sobrevive el hombre. Hay en el fondo de ese mismo horror una revelación de la eternidad que la criatura consciente desea y, en alguna manera, prevé. Reside en el corazón humano un amor tal a la vida, que aún el más descreído, mira con horror al no ser y tiembla al recordar la noche que viene después del sepulcro.

 

La sagrada eucaristía es el centro de nuestras creencias y, en el voluntario anonadamiento del Hombre-Dios, en su pasión y muerte de las que es memoria, nos da una prenda de la vida eterna. Este sublime abajamiento, fruto de un amor infinito, nos brinda un germen de resurrección que la gracia desarrollará. La muerte es para el creyente la puerta dorada de la vida eterna.

 

Cuando los fieles se reúnen en el templo para conmemorar a sus hermanos en la fe que han fallecido, parece que la Iglesia quiere enjugar sus lágrimas recordándoles las hermosas palabras de Jesucristo en el evangelio de san Juan, capítulo VI: "Yo soy el pan vivo que ha descendido del cielo; si alguno comiere de este pan, vivirá eternamente... El que come mi carne y bebe mi sangre tiene en sí la vida eterna y yo le resucitaré en el último día." Se halla en estas consoladoras ideas algo más que la promesa de resurrección que la fe nos hace a todos los hombres: el Sacramento del altar es prenda de gloria futura y semilla fecunda de una feliz eternidad.

 

Hermano mío que lees estas líneas, frecuenta todo lo que puedas el banquete real de Jesús: el que le comulga puede, cuanto es posible en la carne, por medio de la meditación detenida, conocer a Jesucristo asimilándose a El por actos de contemplación, de unión y de amor en los preciosos instantes que siguen a la comunión. No te separes del pie del sagrario sin saborear la dulzura de este pan.

 

No pierdas de vista que la comunión con buenas disposiciones y bien agradecida te asegura la eternidad feliz que el Señor te prometió en el Evangelio y que te colmará de la dicha que el apóstol anuncia. Sólo es preciso de parte del comulgante cooperar a esta bondad avivando la fe, fortificando la esperanza y encendiendo la caridad perfecta en aquel horno de fuego que atesora el Corazón de Jesús y que con su contacto nos comunica. El humilde pecador irá alcanzando la verdadera unión con Cristo, que se irá formando con él de una manera mística, pero real y efectiva.

 

Si así lo hacemos, en la última hora veremos clara la afinidad que enlaza la Eucaristía, principio de eterna dicha, con la muerte natural, fin y remate de la vida, corta época de prueba que Dios nos otorgó en el tiempo para ganar el cielo.

 

Por eso celebras el natalicio de tus héroes el día en que han dejado el mundo: se oye tu clamor no de luto, sino de gozo espiritual al penetrar los despojos mortales del cristiano en la iglesia material, que figura la Iglesia invisible: “¡Bendita seas por todo, oh Santa Madre Iglesia!”

 

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 De La Lámpara del Santuario, tomo XIII, año 1872, pág. 410 y tomo XIV, año 1873,pág. 415.

 

PENSAMIENTOS DIVERSOS Y GLOSA

N°l

 

Trelles, preocupado siempre por la formación de sus hijos espirituales, y siguiendo un verdadero programa para esclarecerles los fines del Santo Sacrificio, les habla de la propiciación y la súplica.

 

Con estas palabras suyas nos anima al desagravio debido a Jesús, solo y abandonado, incluso por parte de sus hijos más allegados, ofreciendo nuestras pequeñas molestias y contradicciones del día (de salud, trato con los familiares, amigos e incluso enemigos) y, por supuesto, la generosidad en el cumplimiento de nuestra Vigilia mensual, sin regateos en la asistencia ni en su duración y manteniendo una verdadera actitud reparadora.

 

"El Adorador ha de imponerse alguna mortificación y penitencia satisfactoria por sus propias ofensas en este sentido y las de los parientes, amigos y enemigos y aún las del prójimo desconocido, procurando así edificarlos con el ejemplo o atraerlos con la oración o tratar de compensar estas injurias propias y ajenas, estableciendo, ya que no puede ser más, alguna parte de dolor y de pena remuneratoria de aquellos pecados de frialdad y tibieza que todos hemos cometido."        (L. Trelles. Lámpara del Santuario. Tomo XIII, (1882) pág. 36)

 

N° 2

 

Profundo conocedor del corazón humano y con la sabiduría y fineza de espíritu que le daba su trato continuo e íntimo con el Señor Sacramentado, conocía al extremo el valor de las cosas pequeñas, de los detalles entrañables que sugiere siempre el Amor y que lo revelan, a veces, mejor que las acciones importantes; éstas suelen ser para la gran ocasión, pero los detalles suelen exigir un gran espíritu de sacrificio permanente; eso es lo que nos propone aquí: 

 

"El lenguaje, el ademán, la actitud, el tono de voz, la compostura y la expresión fisonómica del hombre son el traslado visible de los afectos invisibles que le animan. Por eso, aquellos signos exteriores han de corresponder, en este caso, a la alteza del Objeto y a la dignidad sobreexcelente de la Persona a quien se adora, porque la adoración es amor." (Trelles. Lámpara del Santuario. Tomo XIII, (1882) pág. 143)

 

N°3

 

Consejos entresacados del discurso leído en la Junta General de la Sección de adoradores del Santísimo Sacramento de Zaragoza, de fecha 21 de Mayo de 1882, por D. Luis de Trelles.

 

Todos sabemos por experiencia propia que el que ama, no sólo obedece a la persona amada, sino que trata de adivinar sus menores deseos para serle grato, puesto que es la manera de demostrar su afecto.

 

"La disciplina y la obediencia, son necesarias en toda obra y con mayor motivo en la nuestra, por el fin que se pretende." (L. Trelles. Lámpara del Santuario. Tomo XIII, (1882) pág. 182)

 

N°4

 

Preocupado D. Luis por las profanaciones y los sacrilegios de que el Señor es víctima, nos invita a que en nuestras vigilias.

 

"Empleemos cuidadosamente el tiempo en repetidos actos de amor, de pesar y de reparación ofreciendo nuestras pequeñas molestias del día y de la semana como un óbolo de amor y como parte de reparación de aquellos pecados de comisión y de omisión en lo que toca al culto y reverencia de vida a Jesús Sacramentado."

(L. Trelles. La Lámpara del Santuario. 1882 pág. 36).

 

Esto nos debe llevar a cuidar los mínimos detalles tanto en la Junta de Turno, como en el rezo de las Horas, el Santo Rosario, la Santa Misa, huyendo de la rutina, la premiosidad, en una palabra, de la tibieza.

 

N°5

 

Con motivo de iniciarse el tercer año de la publicación de La Lámpara del Santuario, D. Luis escribió:

 

"Tal vez nos otorgue Dios el nuevo favor de plantear en el año de gracia de 1872 el gran Centro Eucarístico de España. Los tiempos son malos para la fe, porque nada en el mundo la favorece, pero como el cimiento de las obras de piedad no está en el suelo sino en el cielo, acaso la frialdad misma del mundo sirva para que Dios nos conceda aquel apetecido resultado." (L.Trelles. La Lámpara del Santuario. pág. 2, 1872)

 

Esto nos debe ayudar a no desfallecer, y no quedarnos lamentando la situación actual de la Iglesia y del mundo. Vemos que en tiempos de D. Luis, ya ocurría lo mismo, pero él tenía muy claro que Dios se vale de instrumentos débiles y los suple con su maravillosa y omnipotente influencia.

 

N°6

 

Preocupado D. Luis de Trelles por la formación constante de los adoradores del Sacramento escribió un ensayo de Meditaciones para esclarecerles la finalidad de su vocación concreta, de su misión, que él presenta como elevado ministerio.

 

Desea hacernos reflexionar sobre la necesidad de expiación, reparación y desagravio, uniéndonos espiritualmente al sacrificio de Cristo.

 

"Venimos pues aquí los adoradores nocturnos a asociarnos a Cristo, a inmolar místicamente nuestro corazón con el suyo y a ofrecernos a Dios por los pecados nuestros y de nuestros hermanos. Venimos a purgar, a purificar, a satisfacer por nuestras culpas y por las de los demás, por los vivos y difuntos uniendo nuestra oración a la de Cristo nuestro Señor." (L.Trelles. La Lámpara del Santuario, pág.170, 1887)

 

N°7

 

Con motivo del discurso leído por D. Luis de Trelles, en la Junta General de 4 de Abril de 1886, dice que éstas son:

 

"Una revista anual de nuestro secreto y humilde, pero noble y privilegiado Instituto que da ocasión para reunirse todos los hermanos y que es en extremo gozosa y alegre, así como la única vez que tienen cierta discreta publicidad, aunque en familia"

 

En esta ocasión, pues, glosando a San Pablo dirigiéndose a los fieles de Filipos (versos 4 al 8) resume para nosotros este texto:

 

"Entrego a vuestra meditación, cuatro ideas cardinales: la alegría de nuestra privilegiada vocación; la regla de nuestra observancia; la paz que el alma del adorador nocturno debe sacar por fruto de su agradable ministerio y, por último, la confianza especial que se le invita a tener en Dios por la oración." (L.Trelles. Lámpara del Santuario, pág. 147, 1886).

 

N°8

 

D. Luis deseaba que los adoradores se diesen cuenta de la omnipotencia de la oración y que por ello se dedicasen a ejercicios de reparación y desagravio, de expiación e impetración; puesto que el mismo Jesucristo dijo que todo lo que pidamos a Dios en su nombre se nos concederá.

 

Nos hace notar que perdemos, por falta de fe y acaso superficialidad, la gran ocasión de cambiar el mundo que nos rodea y vivir el verdadero sentido de la Comunión de los Santos.

 

"Dos son, por lo general, las causas de que la oración no   tome esta senda de perfección cristiana que sería capaz de convertir al mundo:«Falta de meditación en ello y falta de fe, en toda la extensión de la palabra. Falta de meditación, decimos porque no se profundiza, no se estudia bien una materia tan importante y trascendental." (L.Trelles. Lámpara del Santuario, pág. 375, 1885)

 

N°9

 

En el discurso leído en la Junta general de la Sección de Adoradores de Zaragoza, con motivo del aniversario de su fundación, celebrada en el Palacio arzobispal, bajo la presidencia del Cardenal Benavides, Trelles habló insistentemente de la necesidad de huir de toda tentación de vanidad espiritual, expresándolo de forma reiterada en los siguientes términos:

 

"Las obras de Dios son siempre de Dios, así en su origen, pues nacen de su inspiración, como en su principio y en su desarrollo y a Él solo deben su prosperidad... Jamás podemos atribuirnos nada en las obras buenas...(y así) cuanto más excelente es la obra, más requiere la humildad. Por eso, nuestra dulce tarea ha de fundarse en la más cuidadosa renuncia a toda vanidad personal." (L.Trelles. Lámpara del Santuario, pág. 186, 1885).

 

N°10

 

Don Luís, en una carta dirigida a un amigo, aconsejándole los medios de propagar la Adoración nocturna, le explica los pasos a dar para fundar una Sección:

 

"No me canso de inculcarte que no importunéis al clero, sino después de formado el grupo inicial. Nos toca servir de barrera, de reducto avanzado a los sacerdotes, librándoles cuanto sea posible de los ataques que no sea preciso que sufran.

 

En el trabajo de captación de adoradores, aconseja obrar con mucha prudencia, sobre todo con los superiores.

 

"Nunca empeñar contienda. En último término, humillarse y no juzgar a los demás y, sobre todo, a los superiores jerárquicos, como lo son el Clero y los Prelados." (L.Trelles. Lámpara del Santuario, pág. 90, 1879)

 

N°12

 

La noche del Sábado Santo de 1880, se celebró, en san Antonio del Prado de Madrid, una Junta General. D. Luis insistió en la excelencia de la misión del adorador nocturno, en la purificación de todas las faltas, incluso las más leves, con que nos debemos acercar al Tabernáculo; en la perfección y amor con que debemos realizar nuestras Vigilias animándonos con varias consideraciones:

 

El Rey de los Cíelos y de la Tierra, para escucharnos en audiencia privada, sale de su habitual Mansión en el Tabernáculo, en medio de sus ángeles que alternan con los Adoradores haciéndole la Corte."

 

Rezando con reposo, sentiréis en lo intimo del alma la dulzura que produce una buena acción y esa quietud y paz interior que atestigua la presencia de Dios."

 

Es, en verdad, gran recompensa que la oración fervorosa arranque, por decirlo así, favores del Cielo y convierta al que la hace en colaborador de la Redención del Mundo.

 

N°13

 

Con motivo del adviento de 1874, don Luís escribe sobre "El niño Jesús y la Eucaristía".
 

Como el amor y la amistad, según Cicerón, suponen igualdad de condiciones o la establecen, don Luís presentó a nuestra consideración:

 

"El niño, por la pobreza natural de su condición, se hace, de algún modo, hijo del que le ama. De esto, tenemos una muestra en el modo vulgar de expresarnos, que sin pensarlo, nos lleva a llamar "hijo mío" al infante gracioso que acariciamos. Esto debió presentir Isaías en el Capítulo IX cuando dijo: «Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado». (L.Trelles. Lámpara del Santuario, pág. 9, 1874).

 

Nos dice que, después de la Comunión Sacramental, podemos contemplar este Misterio con el auxilio del Espíritu Santo, que es verdadero maestro de oración.

 

N°14

 

Con motivo de la festividad de la Ascensión del Señor y coincidiendo con el aniversario de la fundación de la Sección de Zaragoza, don Luís de Trelles trata de grabar en los adoradores la idea de la excelencia de sus funciones, dándoles en el discurso que pronunció, algunos consejos para alcanzar los fines de la Vigilia:

 

Se precisa la mayor perfección posible en todos los actos externos de la noche. La recitación del Oficio, las ceremonias que impone el Reglamento y, sobre todo, la escrupulosidad en cumplir, punto por punto, las órdenes que se transmiten durante la vigilia, son accidentes importantes si los realza la completa obediencia y sumisión al que debe mandar."

 

"La guarda de los preceptos reglamentarios es para los adoradores como para el soldado la Ordenanza; pero el alma de la adoración es el acto íntimo, el sacrificio interno que debemos ofrecer a nuestro Divino Salvador que, aunque parece que duerme bajo el velo de las especies sacramentales, su corazón vela por nosotros y por toda la Iglesia militante."

(L.TrelIes Lámpara del Santuario, g. 189, 1880).

 

N°15

 

En un entrañable escrito dirigido a la Sección de Zaragoza, don Luis les dice que siente la necesidad de dirigirse a ellos, no como preceptor que enseña, sino como hermano que les envía una cordial expresión de afecto; pero, a la vez, les imparte doctrina.

 

"El Espíritu de Dios, no se ve ni se toca, pero se siente por sus efectos. La Obra que hemos emprendido es de perfección; no bastan las condiciones vulgares para hacerla bien, se necesita el valor de la virtud, la constancia en el bien y, sobre todo, elevarse con la mente y el afecto a las regiones altas de lo invisible, pues de ese espiritual comercio procede el rocío del Cielo que fecunda la tierra, pues rocío es la Divina Gracia y tierra y polvo somos nosotros."

 

Y, para conseguir la perseverancia, les aconseja:

 

"Obedezcamos las Reglas establecidas y a los Superiores de la Obra, adelantando cada cual en la esfera personal, con lo que progresaremos todos y nos haremos dignos de adorar eternamente".  

(L.Trelles. Manuscrito a la Sección de Zaragoza, 1884. En el Archivo de la Fundación: A.3.12.90).

 

N°16

 

El domingo infraoctava de la Ascensión de 1880 y con ocasión de celebrar la Junta General de la Sección de Zaragoza en el primer aniversario de su fundación, don Luís insiste en el esmero que debemos poner en todos los detalles, por pequeños que nos parezcan, para alcanzar los fines de la Vigilia comparándolos con la Guardia de un Rey:

 

"Por su fidelidad a la Real Persona y por la compostura y rendimiento con que le custodian y rodean, ostentando la mejor disciplina y manifestando en su traje un gran esmero, así como la mayor limpieza y aseo, producen en el pueblo los sentimientos de respeto al Príncipe y son ejemplares acabados de amor y sumisión a S.M. Nada es indiferente en semejante materia, porque se dirige todo a Dios nuestro Señor, que es perfectísimo; por eso, las menores circunstancias acrecientan y conservan la devoción y hacen más fructuosa la obra sublime de nuestro Instituto". (Lámpara del Santuario, pp.189 y 190 de 1880.)

 

N°17

 

En el discurso leído por don Luís, con motivo de la Junta General de la Sección de Madrid, celebrada el 27 de marzo de 1880, nos insiste en el cuidado extremo y buena disposición que debemos llevar a nuestras Vigilias.

 

"Os encareceré siempre, queridos hermanos en Jesucristo, en el presente año como en el anterior, la misma idea, inculcándoos la mayor reverencia y el mayor detenimiento posible en el rezo del Oficio Divino. La limpieza de nuestra conciencia, la pureza de nuestra conducta, la renuncia a todo lo material y mundano mientras estamos de Vigilia y la observancia cuidadosa de nuestro ceremonial, son las armas de nuestra Guardia y la Ordenanza de nuestro servicio".

(L. Trelles. Lámpara del Santuario,  pp. 91 y 93 del año 1880).

 

Con motivo de la Junta General de la A. N. de Zaragoza, el 9.05.1880, insistió en la idea de la asimilación por el adorador de los sentimientos y afectos de Jesús sacramentado mediante el sacrificio y la oración:

 

"No hemos de olvidar que el Señor está en el sacramento a manera de víctima inmolada e inmolándose siempre de modo místico, para dársenos en su comunión. Éste debe ser el pensamiento de nuestras guardias: el sacrificio ofrecido con espíritu de humildad y ánimo contrito.

 

"La oración vocal y la mental o meditación son nuestro arsenal de combate con los enemigos que nos perturban."

 

"La impetración por la iglesia universal y la comunión son el premio de la pequeña molestia, más que sacrificio, que nos imponemos: el salario de la noche. Si aplicamos nuestro pequeño servicio para el bien de la Iglesia y el Estado, la conversión de los pecadores y para obtener la gracia que nos hace falta a nosotros y a nuestros hermanos, nos asociaremos a los afectos y fines que tiene el Señor Jesús en su vida eucarística".

 

(Continuará)

 

Esto es una página en formación. Poco a poco introduciremos los escritos originales de D. Luis de Trelles que muestren  las múltiples facetas de su pensamiento.

Dejémonos guiar por Trelles en ese acercamiento a la Eucaristía. 

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